En una noche que quedará grabada en la memoria colectiva de miles de colombianos, la emblemática Plaza de Bolívar en Bogotá fue testigo del poder de la música como lenguaje de resistencia, arte y esperanza. Con una asistencia que superó las 50 mil personas y una transmisión en directo a más de 16 países de América Latina y Europa, el Concierto de la Esperanza 2025, bajo el lema “Latinoamérica Migrante Resiste”, se consolidó como una de las citas culturales más influyentes del año en la región.
El evento gratuito reunió a leyendas de la canción de protesta, rock social, rap de conciencia y fusión latinoamericana, creando un mosaico sonoro que abrazó las luchas comunes del continente: migración, desigualdad, paz y memoria histórica.
Un cartel que hizo historia
Entre los artistas colombianos, Ali A.K.A. Mind estremeció al público con su clamor: “Lo único que no quisiera nunca más es que siga sangrando mi raíz”, y Velandia y La Tigra destacó el valor simbólico del lugar: “La Plaza de Bolívar se ha convertido en un símbolo importante de la resistencia y la transformación social”. Desde el llano, Joseito Oviedo trajo un mensaje de hermandad: “Lo que más importa siempre es la paz”.



Desde los clásicos de Inti-Illimani, que hicieron vibrar a la plaza con “El pueblo unido jamás será vencido”, reafirmando que “son canciones que nacen del pueblo y hablan de paz y unidad”, hasta el rock social de Miguel Tapia de Los Prisioneros, quien recordó cómo himnos como “El baile de los que sobran” han sido adoptados en toda América Latina como símbolos de resistencia.
El rapero venezolano Apache sumó su voz con el mensaje: “Nuestra bandera sigue siendo la paz, donde quiera que te encuentres”, mientras la banda argentina Bersuit Vergarabat deseó una “Colombia repleta de paz y esperanza”, encendiendo la plaza con ritmos de cumbia. El contundente cierre de Mägo de Oz incluyó una frase que resonó con fuerza: “Pedimos perdón por lo que hicieron los españoles”.




Motilonas RAP: la voz del Catatumbo
Uno de los actos más significativos de día fue el de Motilonas RAP, el dúo de raperas del Catatumbo conformado por Denis Cáceres y Sol Ortega, que desde 2010 viene narrando la realidad de su territorio con líricas afiladas, llenas de verdad y resistencia. Su nombre es un homenaje directo al pueblo indígena Motilón-Barí, originario de esta región marcada por el conflicto armado.

En Bogotá, su mensaje fue contundente: “No somos un territorio de guerra, somos un territorio de paz. No queremos que las personas se sientan avergonzadas del Catatumbo, porque cuando salimos de allá cargamos con un estigma”.
Sus versos sonaron con fuerza como una herramienta de transformación social, reivindicación de dignidad y memoria territorial, sintonizando perfectamente con el espíritu del evento y recibiendo una ovación sincera del público capitalino.
Con esta presentación, Motilonas RAP no solo defendió la voz de las mujeres del Catatumbo y de los pueblos olvidados de Colombia, sino que se reafirmó como un símbolo vivo de la resistencia cultural latinoamericana.

Un acto de vida frente a la violencia
Uno de los momentos más emotivos del día fue la intervención del periodista y gerente de medios públicos, Hollman Morris, quien recordó: “Este concierto es un acto de vida frente a la muerte, de arte frente a la violencia”, en referencia al atentado ocurrido un día antes contra el senador Miguel Uribe Turbay. En lugar de suspenderse, el evento se mantuvo firme como un gesto poético de resistencia: la esperanza no se aplaza.

Un continente conectado por el arte
El evento, organizado por el Sistema de Medios Públicos RTVC, cruzó fronteras a través de una transmisión enlazada por más de 30 canales internacionales, junto con Señal Colombia, Radio Nacional y Radiónica, llevando esta expresión artística a hogares de México, Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, República Dominicana y más. El mensaje fue claro: Latinoamérica canta unida por la dignidad humana y el derecho a migrar.

Retos, lecciones y oportunidad de mejora
No todo fue perfecto. Retrasos en la programación, descoordinaciones entre el Gobierno Nacional y la Alcaldía Distrital, y la cancelación de Los Van Van de Cuba causaron descontento en parte del público, además de problemas de aforo y controles de ingreso señalados por autoridades locales. Sin embargo, estos inconvenientes no lograron eclipsar la fuerza simbólica de la jornada, ni su valor como espacio de encuentro y resistencia cultural.

Una nueva tradición cultural
Con seis ediciones ya celebradas, el Concierto de la Esperanza se consolida como una nueva fórmula de diplomacia cultural regional: donde las canciones sustituyen los discursos y las plazas se llenan de causas compartidas. En tiempos de polarización y violencia, esta propuesta reafirma algo esencial: cantar juntos es un acto político y afectivo.
Bogotá, una vez más, se alza como epicentro cultural de América Latina, y el Sistema de Medios Públicos de Colombia envía al continente un mensaje contundente: la cultura sigue siendo una herramienta viva de transformación social.


