Tan solo ha pasado un mes del nuevo gobierno pero desde el primer día se sintió el abrupto cambio, sin restricciones de ningún tipo y con una concepción diferente del servicio público. La costumbre es más que una añoranza, se basa en la normalización de acciones que se asumían como comunes y que, de un momento a otro, desaparecen. A pesar de que la derrota electoral, el pasado 21 de julio, brindó un espacio temporal para aceptar la nueva realidad, después del 7 de agosto, nada ha logrado que me acostumbre a los comportamientos del nuevo gobierno. 

Y es que me acostumbré a un gobierno que, a pesar de sus errores, condenaba enérgicamente el genocidio que está sucediendo en Gaza, no lo maquillaba, ni lo justificaba, y mucho menos se aliaba con los perpetradores, todo lo contrario, en los grandes escenarios internacionales siempre lo mencionaba, y hasta cortó relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. El actual gobierno fue electo con dinero del sionismo internacional y así está actuando, incluso, usó el terremoto para continuar lavándole la cara a Israel y blanquear el genocidio. 

El caricaturista Vladdo fue despedido de RCN luego de enviar esta caricatura de Abelardo de la Espriella caminando entre cadáveres.

También me acostumbré a un gobierno que basaba sus relaciones internacionales en el beneficio de sus habitantes, buscó el multilateralismo y abrir las relaciones comerciales a nuevos mercados, además de continuar con el trabajo de otros gobiernos que iban a traer beneficios a los colombianos, como el ingreso en la ruta de la seda. Me acostumbré a ver un gobierno que hacía frente a las injerencias de las potencias extranjeras en la soberanía nacional, pero también un gobierno que reconocía que el dialogo era la base de la paz, y no se negaba a hablar con nadie, ni con el mismo Donald Trump, máximo representante de la nueva ultraderecha.

Pero estaba aún más acostumbrado a un gobierno que buscaba respetar el articulo primero de la Constitución Política de Colombia, reconocer que somos un país diverso en sus escenarios, pero también en sus habitantes, que en todos los rincones de este país existen campesinos y campesinas, grupos indígenas, mestizos, niños, niñas, adolescentes, afrocolombianos, raizales, mulatos, hombres, mujeres, población trans, todos eran mencionados y se buscó un trabajo diferencial para reconocer sus derechos. Pero el nuevo gobierno busca eliminar la diferencia y unificar la sociedad colombiana bajo un molde basado en lo religioso. 

Me acostumbré a un gobierno que respetaba la vida, que siempre buscó una salida negociada a los conflictos, que hizo todo lo posible para que los soldados, hijos de la Colombia excluida e ignorada, tuvieran condiciones dignas para el ejercicio de su deber, pero también, para no enviarlos a morir en una guerra en la que no gana nadie. Con el espectáculo del presidente caminando entre cadáveres de criminales abatidos en combate, mostrándolos como un trofeo de su política de seguridad, es evidente que para este gobierno lo único que va a importar son los “resultados”, sin rescatar las formas o lo que tengan que hacer para conseguir esos resultados, algo que la historia de Colombia ya ha visto, y no sale nada bien. Pero también un gobierno que renuncia al monopolio de la violencia y abre el camino para que los “ciudadanos de bien” tengan armas, bajo la tutela del Estado. 

El presidente Abelardo de la Espriella en swu primera reunión de ministros. Foto: Presidencia de la República de Colombia.

Así podría continuar, mencionando las cosas a las cuales no me he acostumbrado, sin lograr que algo pueda cambiar, pero también es bueno que no me acostumbre a ello, y tampoco lo normalice. Ser consciente que un gobierno está actuando bajos intereses particulares, en beneficio de una población determinada, me permite saber lo que se perdió con cuatro años de un gobierno progresista, nuevamente, con muchos errores, que se deben solucionar; y trabajar para evitar la pérdida de derechos ya conquistados, durante los siguientes cuatro años. Me acostumbré, pero se me olvidó que estos cuatro años fueron un lapsus en la historia, la normalidad siempre ha sido luchar en contra del poder, por los olvidados y los marginados, y eso es a lo que en realidad me tengo que acostumbrar, nuevamente, pero sin olvidar que es posible un gobierno distinto. 

¿Te gustó lo que leíste?
(Votos: 4 Promedio: 5)
, , , ,
Publicaciones similares
Latest Posts from

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *