En el corazón del Parque Nacional, se inauguró el pasado 25 de mayo el Jardín de la Memoria “No es hora de callar”, un homenaje a las mujeres victimas de uno de los crímenes más silenciados del conflicto armado interno, la violencia sexual como arma de guerra.
Ubicado frente a la torre del reloj, en zona central del Parque Nacional Enrique Olaya Herrera, este homenaje nace como respuesta al decreto 1480 de 2014, mediante el cual se declara el 25 de mayo como el Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual en el Marco del Conflicto Armado Interno. Una de las medidas de reparación ordenada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el caso Jineth Bedoya vs. Colombia, en alianza con la Alcaldía Mayor de Bogotá.
El Jardín de la Memoria contará con un total de 40 placas conmemorativas cada una con un nombre e historia para recordar. Aquí ya reposan las historias no olvidadas de: Jineth Bedoya, Yuliana Samboní, Viviam Urrego, Tatiana Fandiño, Rosa Elvira Cely, Claudia Rodríguez y Tatiana Grueso, resignificando este espacio y fortaleciendo la memoria colectiva frente a los hechos de violencia contra las mujeres.

La iniciativa “No es hora de callar” fue liderada por la periodista Jineth Bedoya, quien el 25 de mayo del 2000 fue secuestrada, torturada y víctima de violencia sexual mientras realizaba su labor periodística en la cárcel La Modelo de Bogotá.
“Aquí en la ciudad hay un espacio donde se habla de quienes ya no están y lo hacemos con el mayor compromiso y respeto por ellas” afirmó Jineth Bedoya durante la presentación del jardín.

Recordemos que el pasado 8 de abril la periodista anunció el desistimiento de su proceso judicial, tras 25 años sin el esclarecimiento de los hechos, resaltando que su caso está y quedará en la impunidad por falta de respuesta oportuna por parte del estado colombiano y el incumplimiento de las medidas exigidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Cuestionó también la ineficiencia de las instituciones, en particular de la Fiscalía, ya que a pesar del paso de seis fiscales, ninguno identificó ni sancionó a los autores materiales e intelectuales del crimen, ni se atendió a las denuncias de intimidaciones y amenazas de muerte de las cuales estaba siendo víctima la periodista.
“Yo renuncié a mi justicia, pero no renuncio a la justicia de las mujeres”, recordó la periodista a la sociedad durante su discurso de agradecimiento.

El Jardín de la Memoria: ‘No es hora de callar’, será un lugar abierto: habrán talleres, encuentros, actividades pedagógicas y procesos comunitarios que permitan que la ciudadanía comprenda “qué pasó en Colombia, y por qué no se debe repetir esta historia”.
La secretaria de la Mujer, Laura Tami, recordó durante la ceremonia que, lamentablemente, Bogotá ya ha registrado más de 10 casos de feminicidios en lo que va del 2025. Además, la Unidad para las Víctimas en su boletín: Datos para la Paz, de noviembre de 2024 reveló que en Colombia hay 39.351 mujeres víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado interno.
“La memoria no se impone, se cultiva”, explicó una de las líderes de la jornada. En un país donde muchas violencias han sido negadas o justificadas, que una mujer siembre memoria es un acto profundamente político. No se trata solo de plantar flores, se trata de decir que la vida no fue destruida y que la dignidad puede florecer, incluso en terrenos marcados por el horror.




